domingo, 2 de octubre de 2016

Lo nuestro es pasar

Con emotivas palabras, éste domingo, durante las misas celebradas,  se despide el rector de nuestro Templo de Cristo Redentor., las transcribimos integras:
"Hay una canción que dice: “Todo pasa, todo queda, pero lo nuestro es pasar…” Nunca mejor aplicado este texto que a la vida de un sacerdote, a la vida de un “cura” como familiarmente nos conocen “lo nuestro es pasar” de un lado a otro, cambiando constantemente de destino, con las maletas “siempre listas” porque nuestra opción en la vida ha sido “servir”, a Dios, a nuestro Dios y servir a los hombres.  

miércoles, 24 de agosto de 2016

Codipaccya

Dando Bienvenida a un nuevo blog de la familia diocesana

jueves, 28 de agosto de 2014


A todos los Abuelos  Y ABUELAS de MÉXICO
Felicitamos en su día a todos los abuelos y abuelas de nuestra rectoría de Cristo Redentor, de nuestra diócesis y de todo México. Queremos unimos a la voz de nuestros pastores compartiendo con ustedes este mensaje de Monseñor Francisco Chavolla Ramos, Responsable de la dimensión episcopal para la familia.  


              Con gratitud por su vida y aporte, les saludo a nombre de todos los Obispos de México.
            Quiero aprovechar esta ocasión para expresarles nuestro reconocimiento. A Ustedes les ha tocado formar a sus hijos en tiempos muy complejos, de profundos cambios, algunos muy buenos otros no tanto. Pero todos ellos han formado una realidad diferente a la que han logrado acoplarse con gran velocidad y generosidad sin perder su fe y valores fundamentales.
            La tarea de educar a los hijos nunca termina. Al principio de la vida, cuando son niños, las enseñanzas son muy prácticas: instruirlos a comer, caminar, vestirse, sentarse, lavarse, etc. Sin embargo cuando más crecen, el desafío es más profundo y más humano, pues hay que ayudarlos a entender los grandes rasgos de ser persona, pero sobre todo a sobrellevar la vida, que es un torrente de oportunidades, limitaciones, alegrías y por supuesto adversidades.
            Los invitamos a seguir con perseverancia y generosidad su tarea. Que en ningún hogar mexicano falte la palabra sabia, caritativa, prudente y testimonial de los abuelos. Que nuestra sociedad siga contando con un caudal de tradición que nos reúna, encuentre y sobre todo nos descubra el verdadero sentido de la vida.
“Los ancianos son los que traen la historia, que nos traen la doctrina, que nos traen la fe y que la dejan en herencia. Son los que, como el buen vino envejecido, tienen esta fuerza dentro para darnos una herencia noble” (S.S. Francisco. Homilía celebrada en la misa del 19-Nov.-2013, Casa Santa Marta).
            Los exhorto también a seguir participando de cada una de sus parroquias, capillas y comunidades eclesiales. No solamente necesitamos fortalecer la vida de las familias, Iglesias domésticas, sino también el servicio que la Iglesia presta al mundo, en una dinámica de misión permanente, transmitiendo el amor de Cristo a cada uno de los hombres y mujeres de este tiempo.
            Pidamos hoy a los Abuelos Santos: Simeón, Ana, Policarpo y Eleazar,  la gracia de custodiar, escuchar y venerar a nuestros antepasados. Dios bendiga su vida, su paz y sobre todo su alegría, con la presencia del Dios Uno y Trino.

+ Mons. Francisco J. Chavolla Ramos
Obispo de Toluca y
Responsable de la Dimensión Episcopal para la Familia



sábado, 9 de noviembre de 2013

Testigos de Cristo Resucitado

El verdadero significado de la vida, don de Dios, es que como cristianos somos o debemos ser testigos de Cristo Resucitado, esperanza del mundo, es decir que nuestra mirada debe estar más allá de las realidades terrenas. El Papa Francisco nos recuerda al respecto que en nuestras elecciones, nuestro comportamiento, en nuestras palabras y acciones debemos mostrar y manifestar nuestro ser de resucitados.
Cuando somos auténticos creyentes de la Resurrección de Cristo tiene verdadero sentido el optimismo que se traduce en una fe práctica en Dios uno y trino. Hoy día es común que se valore  esta actitud en todos los ámbitos sociales, sin embargo los optimistas de este mundo parten de la seguridad que surge de la vanidad, de su orgullo y falta de unidad. El cristiano es optimista y vive en plena esperanza porque nos sostiene la fe en Jesús Resucitado. Un cristiano sabe enfrentar las pruebas, las dificultades y los retos, siempre con serenidad y esperanza en el Señor.
La primera lectura que hemos escuchado en éste domingo sobre el relato de los Macabeos, nos edifica, nos impulsa a vivir una fe autentica, viva, coherente, integra. Recordemos cual fue la respuesta de los hermanos: “dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres” dice el primero; “”tú nos arrancas la vida presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna puesto que moriremos por fidelidad a sus leyes” y continúa el siguiente de los hermanos diciendo “vale la pena de morir en manos de los hombres cuando se tiene la firma esperanza de que Dios nos resucitará. ¿Cómo permanecer indiferentes frente a éste relato?
Ante el texto de la primera lectura que hemos escuchado, que es un relato de vidas vividas plenamente como un don de Dios, no se puede permanecer indiferente. Ante tata fe y valentía parece necesario tomar conciencia de cómo también en nuestros días muchos hermanos nuestros viven sin escatimar nada y dando a la vida un verdadero valor de eternidad.
Hace muchos años Pablo VI, cuando aún era arzobispo de Milán, ponía de manifiesto  el preocupante desinterés de muchos que son incapaces de fijar su mirada y fincar su interés vital más allá de las cosas que éste mundo ofrece. Ligereza de pensamiento, llevar la vida en forma irresponsable, sumidos en el sensacionalismo irracional, unas de las tentaciones de nuestro tiempo. Nos hace falta cultivar profundos ideales, hemos confundido la libertad con indecisiones o libertinajes. Urge fundar nuestras obras y sentimientos, construir nuestra vida personal y social teniendo como fundamento la Palabra de Dios, que es la que nos fortalece.
Hoy, en el evangelio, Jesús responde a una pregunta que le hacen los saduceos, quienes afirman que no hay resurrección. Cristo les dice a ellos y nos recuerda a nosotros que “Dios no es Dios de muertos sino de vivos” En nuestro mundo en ocasiones llenos de oscuridades y penumbras, de mentiras y sinsabores, hay muchos hombres y mujeres viviendo la propia existencia en la esperanza del “después”, en la certeza de la resurrección. Baste pensar en tantos consagrados religiosos y religiosas, llamados por Dios a hacer de la vida un continuo diálogo con Él, considerado como el único bien por el cual vivir y si es preciso morir por conquistar. También muchos laicos que sin ser noticia, dan testimonio de Cristo Resucitado viviendo la vida como el único camino que nos conduce al cielo.

viernes, 31 de mayo de 2013

La Visitación: Amor que no conoce de lentitudes

                                             
Hoy celebramos que la Virgen María, luego de haber concebido por obra del Espíritu Santo al Hijo de Dios, enterada por el arcángel Gabriel que su parienta Isabel se encontraba embarazada, se encaminó presurosa a su casa para servirla (cfr. Lc 1, 39-56), porque, como explica san Ambrosio, “el amor no conoce de lentitudes”.

Ella, la mejor discípula de Jesús, imitando a quien había concebido, unida a Dios ofrece a los demás un amor creativo, concreto y activo. Podría haber dicho: “yo también estoy esperando un Hijo, nada puedo hacer por ella”, pero no; pensó en Isabel, en sus necesidades y corrió a servirla.

María fue a ver a casa de Isabel para ofrecerle el mayor de los servicios: traerle al fruto bendito de su vientre, que nos libera del pecado y nos hace hijos de Dios, partícipes de su vida plena y eternamente feliz.

Por eso, Benedicto XVI, al visitar México, afirmó que la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús; que venerarla “es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre”. Ella misma lo hizo. ¿Y nosotros?

Quizá más de una vez, ante los sentimientos,  necesidades, deseos, ilusiones y preocupaciones del cónyuge, de la novia, de los padres, de los hijos, de los hermanos, de los compañeros de estudio o de trabajo, de los patrones, de los empleados, y de quienes padecen alguna forma de pobreza, lleguemos a pensar que todo es menos importantes que nuestros propios sentimientos, necesidades y deseos. Y por eso, en lugar de encaminarnos presurosos a servir, nos quedamos como “caracoles” –conchudos y babosos– moviéndonos con tremenda lentitud.

María no fue así; se dejó guiar por el amor. También lo supo hacer Isabel. Por eso, con fe exclamó: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”. Así, en el niño que Isabel lleva en su seno, Juan el Bautista, se cumple lo anunciado por el profeta Sofonías: “Alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena… El Señor será el rey de Israel…y ya no temerás” (3, 14-18).

Como Isabel, recibamos a quien la Virgen María nos trae, y digámosle: Jesús, eres mi Dios y salvador; “confiaré y no temeré” (cfr. Sal-Is 12, 2-3.4bcd. 5-6). Y como María, proclamando la grandeza del Señor, que ha puesto sus ojos en nuestra humildad, seamos discípulos y misioneros del Señor, conscientes de que, como ha dicho el Papa Francisco, también a nosotros, “El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo”. Hagámoslo así, comenzando por casa, teniendo presente que, como decía el beato Juan de Palafox, “Hemos de ser canal del amor de Dios, no laguna”.


+ Eugenio Lira Rugarcía
Obispo Auxiliar de Puebla
Secretario General de la CEM

jueves, 30 de mayo de 2013

Corpus Christi: el resucitado que camina con nosotros



Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi, decretada por el Papa Urbano IV en 1264 e impulsada por el
Papa Clemente V en 1311, en respuesta a la visión que Dios concedió a santa Juliana de Mont Cornillon.

En esta fiesta, inseparablemente unida al Jueves Santo, en el que celebramos la institución de la Eucaristía, el más grande de los sacramentos es presentado a la adoración y es llevado en procesión, para manifestar que Cristo resucitado camina con nosotros, guiándonos hacia la eternidad.

Jesús, la víspera de su Pasión, durante la Cena pascual, tomó el pan y dijo a sus Apóstoles: “Tomen, este es mi cuerpo”. Después tomó el cáliz, y dijo: “Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos”. Estas palabras resumen toda la historia de Dios con nosotros; recuerdan e interpretan el pasado, y anticipan el futuro: la unión definitiva con Él.

Aquella sangre de novillos que Moisés roció sobre el pueblo en señal de la Alianza divina, en Jesús llega a plenitud. Él, liberándonos del pecado, nos hace puros para Dios, y así nos permite entrar en comunión con Él. Por eso, la carta a los Hebreos afirma que Cristo, “con su propia sangre, nos obtuvo una redención eterna”

¿Cómo le pagaremos al Señor todo el bien que nos ha hecho? Levantando el cáliz de la salvación, invocando su nombre, es decir; celebrando la Eucaristía, como Él lo pidió: “Hagan esto en conmemoración mía”.

Bajo los signos del pan y del vino, Jesús se nos entrega y nos une a Él, al Padre y al Espíritu Santo, y a toda la Iglesia; nos da la fuerza para ser constructores de unidad y nos da la posibilidad de alcanzar una vida plena y eternamente feliz. De esta manera nos libera del drama de la soledad, del sinsentido y de la desesperanza.

La Hostia, hecha de granos molidos, “expresa el esfuerzo humano, para contribuir al perfeccionamiento de la creación, don de Dios… El pan, hecho de muchos granos de trigo, encierra también un acontecimiento de unión”, decía el Papa Benedicto XVI. Esto lo podemos hacer ya que Cristo nos promete lo mismo que a san Agustín en una especie de visión: “me comerás (y)… te transformarás en mí”.

En la procesión del Jueves de Corpus seguimos a Jesús, presente en la Eucaristía, pidiéndole que nos acompañe y que nos guíe hasta la Patria eterna, comprendiendo que la Eucaristía, al unirnos a Él, nos abre también a los demás.

Que, por intercesión la Virgen María, como el beato Juan de Palafox, encontremos en la Eucaristía, la fuerza para “extirpar el mal y plantar lo que es santo y bueno”, y para, como lo ha pedido el Papa Francisco, ir “a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo”.

+ Eugenio Lira Rugarcía
Obispo Auxiliar de Puebla
Secretario General de la CEM



 

domingo, 27 de enero de 2013

Nuevos colaboradores de nuestro blog

Este domingo 27 de enero del presente, en nuestra Rectoría de Cristo Redentor de la diócesis de Celaya; se realizo un curso de capacitación y preparación para evangelizar a través de los medios de comunicación. El curso se dirigió a jovenes miembros de MJVC, quienes después de este breve curso, serán los colaboradores y animadores de nuestros recursos y sitios en internet: blog, twitter, y face.
 
Hoy podemos recordar el mensaje del Santo Padre que en su mensaje para las comunicaciones de éste año nos invita a "considerar el desarrollo de las redes sociales digitales, que están contribuyendo a que surja una nueva «ágora», una plaza pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones, y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad". Necesitamos el surgimiento de apostoles digitales, capaces de transmitir por estos medios la verdad del evangelio.